Abrir el mundial en este caso significa que la FIFA permitirá acuerdos comerciales y de patrocinio directos con empresas de apuestas deportivas, algo que durante muchos años la institución evitó o mantuvo muy restringido en sus torneos principales.
Aunque Estados Unidos no posee la tradición futbolera de América Latina o Europa, el país se perfila como uno de los mayores mercados de apuestas durante el FIFA World Cup 2026. La expansión acelerada del juego deportivo legal y la masificación de las plataformas móviles han convertido al fútbol en una nueva frontera para la industria del betting.
Para operadores y analistas, este torneo global representa una oportunidad única: un evento que llega a un mercado donde las envidadas deportivas ya se integraron plenamente al ecosistema del entretenimiento. La otra cara es que, si bien crecimiento del negocio de las apuestas deportivas ha transformado la relación entre el fútbol, los aficionados y la industria del entretenimiento, pero también ha encendido alertas en torno a su impacto social y deportivo.
Es una propuesta económica válida que deja muchos ganadores y perdedores a la par, sin embargo también genera críticas, preocupaciones y deja en vilo la integridad de los partidos, la adicción al juego (razón por la que estaba prohibido en EE.UU.) y la contradicción entre la promoción del deporte y el crecimiento del juego.
Las implicaciones
El mundo de las apuestas ha permeado todos los deportes y no es inusual conocer a una o varias personas que se benefician de esta jugada económica, sin embargo, si se extrapolan y se suman y todos los factores que se entremezclan en esta industria, el resultado puede multiplicar preocupaciones o dividir opiniones en torno a ello, aquí algunos de esos elementos:
1. Patrocinios oficiales de casas de apuestas
La FIFA podría firmar contratos con operadores de apuestas para que se conviertan en patrocinadores oficiales del Mundial. Esto les daría presencia en publicidad, activaciones comerciales, campañas promocionales y posiblemente en plataformas digitales vinculadas al torneo.
2. Uso oficial de datos de los partidos
Las empresas de apuestas suelen pagar por acceder a datos oficiales en tiempo real (estadísticas, eventos del partido, tracking). Si la FIFA abre el mercado, estas compañías podrán usar esos datos para ofrecer apuestas en vivo, uno de los segmentos que más dinero mueve.
3. Integración comercial con el ecosistema del torneo
Las casas de apuestas podrían aparecer en transmisiones, campañas digitales, promociones para aficionados o experiencias vinculadas al torneo. En otras palabras, el Mundial pasaría a formar parte de la economía global del betting deportivo de forma más directa. Esto también deja a un lado y afecta a las tradicionales televisoras y cadenas internacionales.
4. Una decisión económica y estratégica
La FIFA busca ampliar sus fuentes de ingresos en un torneo que en 2026 será el más grande de la historia (48 selecciones y más partidos). Abrirse al sector de apuestas —una industria global que mueve cientos de miles de millones de dólares— permite capturar una parte de ese mercado.
La proliferación de casas de apuestas como patrocinadores de clubes y ligas ha ampliado los ingresos del fútbol, aunque al mismo tiempo ha normalizado la presencia del juego en transmisiones y espacios deportivos, especialmente entre audiencias jóvenes, encendiendo alarmas en torno a su impacto social y deportivo.
De underdog a favorito
El auge contemporáneo del mercado estadounidense tiene un punto de inflexión claro: 2018. Ese año, la Corte Suprema de Estados Unidos anuló la ley federal que prohibía las apuestas deportivas —la Professional and Amateur Sports Protection Act, a través del fallo del caso Murphy v. NCAA— y permitió que cada estado decidiera su legalización.
Desde entonces, el sector se expandió con rapidez: más de 38 estados y Washington D. C. han autorizado algún tipo de apuestas deportivas, y los ciudadanos han apostado cientos de miles de millones de dólares en eventos deportivos en pocos años. Las cifras ilustran la magnitud del fenómeno: el país ha superado el medio billón de dólares, generando más de 40.000 millones en ingresos para operadores y miles de millones en impuestos para los estados. Hoy el mercado estadounidense es el más grande del mundo.
De cara al Mundial de 2026 —que Estados Unidos organizará junto a México y Canadá—, analistas prevén un nuevo salto en la industria. Eventos masivos como el Super Bowl ya anticipan esa tendencia: solo para la edición de 2026 se proyectó que los estadounidenses apostaran alrededor de 1.760 millones de dólares de forma legal. Con el fútbol ganando terreno en el mercado norteamericano y con la expansión de las plataformas móviles —que concentran cerca del 90 % de las postas—, el torneo podría convertirse en un punto de inflexión para la economía global del juego vinculada al fútbol.
El escenario también tiene implicaciones políticas y regulatorias. Estadios repartidos por todo el país y una industria del juego que mueve decenas de miles de millones de dólares al año, el FIFA World Cup 2026 se perfila como una vitrina para el modelo estadounidense de apuestas deportivas legalizadas.
No hay que olvidar que el crecimiento también traza debates sobre la integridad del deporte, la protección de los consumidores y el impacto social del juego, especialmente en un contexto donde el fútbol —históricamente marginal en la cultura deportiva del país anfitrión— se convierte de repente en un nuevo epicentro económico para la industria del betting.





