A Santa Fe le volvió a faltar un centavo para el peso: estas son las razones de su tercer puesto en Copa Libertadores femenina

Independiente Santa Fe, en el podio continental

Santa Fe venció 4-3 a Olimpia en el estadio Rodrigo Paz Delgado de Quito, después de estar abajo en el marcador, y se quedaron con el tercer lugar de la Copa Libertadores Femenina. Mariana Zamorano, con un doblete, Daniela Garavito y Juana Ortegón marcaron los goles del conjunto colombiano.

‘Las Leonas’ volvieron a demostrar que Colombia tiene talento, equipos competitivos y futbolistas capaces de enfrentarse a las mejores de Sudamérica. Sin embargo, detrás de la celebración queda una pregunta inevitable: ¿qué le faltó a este equipo para jugar la final y, eventualmente, pelear por el título?

La respuesta no parece estar únicamente dentro de la cancha.

A Santa Fe no le faltó talento

El camino de las ‘Leonas’ hasta las semifinales dejó claro que el equipo tenía argumentos para soñar con mucho más. En dicha instancia, Santa Fe cayó 2-1 ante Corinthians, vigente campeón y uno de los grandes referentes del fútbol femenino sudamericano. Justamente ese partido es el que debe analizarse para entender aquello que separa a un equipo colombiano de coronarse en los torneos del continente.

Las Cardenales fueron capaces de competir, ponerse arriba en el marcador y hacerle frente a Corinthians. Pero las brasileñas tuvieron algo que no se construye en unas pocas semanas: ritmo competitivo ganado gracias a la continuidad durante todo el año y una estructura sólida alrededor del fútbol femenino. La diferencia no necesariamente está en que las futbolistas cariocas tengan más talento que las colombianas. Está, en gran medida, en las condiciones que tienen para desarrollar ese talento.

Garavito lo explicó después de la eliminación en la Copa Libertadores femenina: mientras equipos como Corinthians compiten durante todo el año, las colombianas deben afrontar una liga con muchas menos garantías de continuidad. La propia jugadora cuestionó qué más es lo que deben hacer las jugadoras para que exista mayor inversión y apoyo al fútbol femenino colombiano.

El bronce también es un llamado de atención

Santa Fe terminó tercero, pero el resultado debería servir para algo más que llenar una vitrina. Debería ser un llamado de atención, porque Colombia ya no puede conformarse con celebrar cada vez que uno de sus clubes alcanza únicamente las semifinales de un torneo. El país tiene una generación de futbolistas que ha demostrado, tanto a nivel de clubes como de selecciones, que puede competir internacionalmente.

Entonces, el siguiente paso no debería ser preguntarnos si Colombia puede llegar a una semifinal. Deberíamos estar preguntándonos qué necesita Colombia para ganar la Libertadores. Y ahí aparece uno de los principales problemas: la estructura de la competencia local.

La Liga Femenina BetPlay 2026 tuvo 158 partidos y Dimayor destacó que fue un campeonato de ocho meses. Sin embargo, la duración del torneo no significa necesariamente ocho meses de competencia continua para las futbolistas. Los períodos de inactividad siguen siendo uno de los grandes obstáculos para consolidar un fútbol femenino verdaderamente profesional.

¿Cómo se pretende que una jugadora colombiana compita de igual a igual contra una futbolista que juega durante todo el año? ¿Cómo pueden los clubes colombianos mantener sus plantillas, desarrollar procesos y llegar a la Libertadores en su máximo nivel si buena parte del calendario no ofrece continuidad? Y, sobre todo, ¿cómo se pretende que una futbolista pueda vivir de su profesión si la propia estructura de la competencia todavía permite escenarios en los que no todas las jugadoras tienen un contrato laboral?

Un informe de Acolfutpro sobre la Liga Femenina 2026 reveló que 114 futbolistas, equivalentes al 27% de las participantes, disputaron el torneo sin contrato laboral, bajo la figura de aficionadas. Solo cinco equipos contrataron a la totalidad de sus planteles: Deportivo Cali, Internacional de Bogotá, Junior, Millonarios y Santa Fe.  El dato es especialmente difícil de ignorar cuando se habla de competir al más alto nivel.

La profesionalización no puede limitarse a ponerle el nombre de ‘Liga Profesional’ a un campeonato.

No se puede pedir resultados internacionales sin construir el camino

Santa Fe no llegó a Quito por casualidad. Llegó porque tiene talento, porque existe trabajo de clubes, porque sus jugadoras han construido una identidad competitiva y porque Colombia lleva años formando futbolistas capaces de competir en escenarios internacionales.

Pero tampoco es justo pedirles que hagan milagros. Las ‘Leonas’ tuvieron que enfrentarse a equipos de países donde el fútbol femenino cuenta con estructuras más desarrolladas y calendarios competitivos más sólidos. Aun así, estuvieron a un partido de disputar una final continental.

Eso debería generar orgullo, pero también inconformidad, porque, si con las condiciones actuales Colombia puede poner un equipo entre los tres mejores de Sudamérica, la pregunta es hasta dónde podría llegar si sus futbolistas tuvieran una liga realmente profesional diseñada para desarrollar su talento y potencial competitivo.

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