El pasado domingo 11 de octubre de 2026, en la ciudad de Tunja, el Cúcuta Deportivo de Nicolás Chiesa logró una victoria vital por 1-0 ante Boyacá Chicó en un duelo que se jugaba más que los tres puntos. La victoria fuera de casa, representó un golpe de autoridad en dos escenarios definitivos para el semestre. El primero, le permitió alejarse en la tabla del descenso frente a un rival directo, y el segundo meterse en la pelea por clasificar al grupo de los ocho.
El buen momento anímico y deportivo tiene nombre propio: Nicolás Chiesa. El técnico argentino transformó la cara del conjunto ‘Motilón’ apostando por la practicidad absoluta. Formado en la rigurosa escuela de Gustavo Alfaro tras acompañarlo en Ecuador y Costa Rica, Chiesa estructuró un equipo donde el orden táctico es innegociable. Este Cúcuta no sufre si no tiene el balón, prefiere agruparse como un bloque sólido para castigar con transiciones letales.
La solidez de este equipo nace de un bloque defensivo impenetrable. Parado en cancha habitualmente en un ordenado 4-4-2, el cuadro rojinegro renuncia a la presión alta para blindar el corazón del área. Al acortar las distancias entre líneas, volantes y defensores reducen los espacios al máximo, armando un cuello de botella que desvía el ataque rival hacia los costados, justo donde el Cúcuta activa su presión para robar el balón, dejando claro que saber replegarse es muy distinto a ser un equipo pasivo.
La pizarra de Chiesa: del cerrojo defensivo a las transiciones letales
Tras la recuperación de la pelota, el Cúcuta activa su fase ofensiva con una premisa innegociable: verticalidad pura. Lejos de entretenerse con posesiones largas, el equipo se despliega mediante transiciones fulminantes. Con mediocampistas que lanzan balones al espacio inmediato buscando que los extremos castiguen la espalda de una defensa descompensada para pisar el área contraria en tres o cuatro toques letales.
A este modelo de orden y contragolpe se suma una herramienta clásica de su escuela, entendiendo que la velocidad en transición no siempre alcanza para abrir el marcador en encuentros cerrados. Por eso, cada tiro libre o saque de esquina es una jugada de laboratorio, trabajada al detalle, que le permite facturar goles sin necesidad de tener el dominio de la posesión.
Rumbo a los cuadrangulares: la hoja de ruta definitiva para clasificar
Con la victoria ante Boyacá Chicó, el Cúcuta tomó un respiro profundo en la tabla del descenso. Con un promedio de 1.062, el conjunto ‘Motilón’ superó a rivales directos como Jaguares (0.903) y Boyacá Chicó (0.899). Pero eso no es todo: el equipo de Nicolás Chiesa se metió de lleno en la pelea por la estrella de fin de año. Con 18 puntos en el bolsillo, el Cúcuta Deportivo se ubica en la novena posición, a tan solo dos unidades del Deportes Tolima, dueño del octavo lugar con 20 puntos.
La matemática es clara en la recta final del ‘Todos contra Todos’: el equipo necesita entre 10 y 12 puntos de los 18 restantes para asegurar su cupo. Estas seis fechas serán la gran prueba de fuego para el modelo de Chiesa. El gran reto será hacer del General Santander su gran fortín, allí recibirá a Nacional; Águilas Doradas; Santa Fe y a Jaguares, otro rival que se está jugando el descenso. Si el equipo logra hacer respetar la localía sosteniendo el orden defensivo y compitiendo con inteligencia en sus visitas a América y Junior, el rojinegro entrará a los cuadrangulares como el gran ‘caballo negro’.





