En un calendario cargado de simbolismo, que la competencia se dispute entre el primero y el 7 de marzo no es un detalle menor. El fútbol femenino y la SheBelieves Cup se instala en la conversación pública global justo en el mes cuando el movimiento feminista interpela estructuras de poder, desigualdades salariales y brechas en el deporte.
La SheBelieves, organizada en Estados Unidos, reúne a cuatro selecciones en un formato todos contra todos, con tres fechas y doble jornada, en un test corto pero de alta exigencia. En 2026 incorpora dos reglas que afinan la competencia: listas ampliadas a 26 jugadoras (23 habilitadas por partido) y definición por penales en caso de empate, con un punto extra para quien gane la tanda. Más que innovación reglamentaria, es una señal de profesionalización y espectáculo.
La historia del torneo también es política. Nació en 1992 como Copa USA, inicialmente masculina, y fue reconfigurado en 2016 por la Federación de Fútbol de los Estados Unidos bajo el nombre actual, alineado con una campaña de empoderamiento femenino. Actualmente, en su edición 2026, competirán Estados Unidos, Canadá, Colombia y Argentina; un cruce continental que no solo eleva el rating al enfrentar a las anglo norteamericanas con el nivel y crecimiento sudamericano, sino que consolida un mercado hemisférico para el fútbol femenino.
Que los equipos sean exclusivamente de América amplifica el interés televisivo en dos subregiones con fuerte expansión de audiencias y patrocinios, pero también plantea desafíos como llenar estadios, sostener la atención más allá de las fechas emblemáticas y competir contra ligas masculinas que concentran recursos y horarios privilegiados.

Las superpoderosas creen y están listas
Para selecciones como la colombiana, el torneo es estratégico. Bajo la dirección de Ángelo Marsiglia, el equipo se concentró en Bogotá (hasta el pasado miércoles 25 de febrero) antes de viajar a territorio estadounidense con una apuesta clara por la experiencia y la continuidad competitiva.
En un año decisivo —con compromisos internacionales que marcarán el rumbo del ciclo—, enfrentar rivales de primer nivel permite ajustar variantes tácticas, medir cargas físicas en partidos consecutivos y fortalecer la mentalidad en contextos de presión. Marzo, entonces, no es solo un mes simbólico socialmente, es una plataforma de visibilidad, preparación y disputa cultural. La SheBelieves Cup no solo pone en juego un trofeo; pone en escena la batalla por el reconocimiento, la inversión y el lugar que el fútbol femenino merece en la industria deportiva global.
La convocatoria de Marsiglia confirma una apuesta deportiva clara: sostener un proyecto con identidad propia. El entrenador mantiene la base que compite junta desde 2024 y que ya fue subcampeona de la Copa América 2025, pero introduce movimientos estratégicos para administrar cargas y proyectar recambio.
Las que viajan a Estados Unidos
La exclusión de la portera Luisa Agudelo —concentrada en el Sudamericano Sub-20 en Paraguay— responde a una lógica de cuidado y planificación a largo plazo, una decisión que evita la sobreexigencia en un calendario que suele castigar con mayor dureza al fútbol femenino por la falta de plantillas amplias y recursos médicos equiparables al masculino. En su lugar, Catalina Pérez asume el reto en un torneo de máxima exposición continental.
El liderazgo de Linda Caicedo, figura del Real Madrid, encarna la dimensión simbólica y mediática de esta SheBelieves Cup. Tras la preocupación por el golpe en el tobillo sufrido en un partido reciente, el parte médico confirmó que solo se trata de una sobrecarga y un impacto leve. Marsiglia fue enfático: la sustitución fue preventiva y la atacante está en condiciones de competir.
Que Caicedo viaje directamente a territorio norteamericano, aun con cierta carga física, revela tanto la importancia del torneo como el peso específico que tiene su presencia en el rating y en la construcción de referentes para las jóvenes mujeres que hoy miran fútbol en marzo, el mes en que el discurso sobre derechos y representación femenina cobra mayor potencia pública.
No todo son buenas noticias. La ausencia prolongada de Mayra Ramírez, aún en recuperación de su lesión en el tendón de la corva, y la baja confirmada de Carolina Arias por fractura en el pie obligan a reconfigurar el esquema en un calendario exigente con el debut ante Canadá el domingo primero de marzo, cruce frente a Argentina el miércoles 4 y cierre contra Estados Unidos el sábado 7.
Cada partido será una prueba de carácter en territorio estadounidense, donde el espectáculo y la competencia se entrelazan. En ese escenario, Colombia no solo disputa puntos, también disputa narrativa, visibilidad y el derecho a consolidarse como potencia emergente del fútbol femenino en América.
Las que viajaron a Estados Unidos
- Porteras: Catalina Pérez (Racing Club de Strasbourg Alsace-FRA), Katherine Tapia (Palmeiras-BRA), Natalia Giraldo (América de Cali).
- Defensas: Ana María Guzmán (Palmeiras-BRA), Carolina Arias (América de Cali), Daniela Arias (San Diego Wave-USA), Daniela Caracas (Espanyol-ESP), Jorelyn Carabalí (Boston Legacy-USA), Mary José Álvarez (Olympique de Marseille-FRA), Yirleidis Quejada (Pachuca-MEX), Manuela Vanegas (Brighton & Hove Albion-GBR).
- Centrocampistas: Daniela Montoya (Gremio-BRA), Leicy Santos (Washington Spirit-USA), Marcela Restrepo (Monterrey-MEX), Gabriela Rodríguez (Cruzeiro-BRA), Ilana Izquierdo (Tigres-MEX) y Liced Serna (Pumas-MEX).
- Delanteras: Gisela Robledo (Corinthians-BRA), Valerin Loboa (Portland Thorns-USA), Greicy Landázury (Palmeiras-BRA), Wendy Bonilla (Pumas-MEX), Linda Caicedo (Real Madrid-ESP) y Manuela Pavi (Toluca-MEX). EFE





