Estados Unidos toma drástica decisión sobre mujeres atletas, mientras el COI se lava las manos

La prueba de sexo utilizada en la nueva prohibición del COI, podría excluir de los JJ.OO. a las mujeres intersexuales a las que se les asignó el sexo femenino al nacer.
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Siguiendo a más de 25 estados, republicanos de Pensilvania (Estados Unidos), liderados por la senadora Judy Ward, buscan reimpulsar un proyecto que prohibiría a atletas transgénero competir según su género, aprovechando el vacío que deja el Comité Olímpico Internacional (COI) al delegar la regulación en federaciones y países. La iniciativa no menciona a las personas intersexuales, que representan hasta el 1,7 % de la población y pueden presentar características sexuales tanto masculinas como femeninas.

«Quiero dejar esto muy claro: se trata del sexo biológico. Esto no tiene nada que ver con la identidad de género de nadie» (…) «Más bien, se ha diferenciado en función del sexo biológico, y esta legislación garantiza que así siga siendo en el futuro». afirmó la congresista Ward.

Este anuncio se produce mientras se está llevando a cabo la planificación de los Juegos Olímpicos de Verano de 2028, que se celebrarán en Los Ángeles y se suma a la voluntad de Donald Trump y del Tribunal Supremo de excluir desde la niñez a deportistas transgénero. Todo se desata tras el anuncio del COI a finales de marzo de que todas las mujeres atletas deberán someterse a una prueba para detectar el gen SRY, generalmente asociado al cromosoma Y.

Los hombres suelen tener un cromosoma ‘Y’ y las mujeres no, por lo que el COI afirma que este requisito excluirá a los «hombres biológicos». Sin embargo, la declaración del COI oculta la complejidad del sexo biológico y da continuidad a un siglo de políticas deportivas de la organización que, según los datos, son en algunos casos incoherentes y en otros biológicamente erróneos.

La prueba genética SRY es engañosa para personas intersexuales

La política del COI para 2026 alude a la complejidad del sexo biológico, al afirmar que este incluye «los cromosomas sexuales, las gónadas y las hormonas». Pero resulta llamativo que los genitales no figuren en su lista, teniendo en cuenta que han sido históricamente el principal criterio para asignar el sexo al nacer y también en el deporte.

Durante el desarrollo prenatal, los andrógenos hacen que estructuras inicialmente indiferenciadas se conviertan en pene y escroto; en su ausencia, o en caso de insensibilidad a los andrógenos, estas estructuras se desarrollan como clítoris y labios vaginales. Así, los genitales típicamente femeninos suelen indicar baja exposición o sensibilidad a estas hormonas, lo que cuestiona la presunción de ventaja competitiva.

A menos que el COI preste especial atención a detectar estas excepciones, es probable que su nueva prueba genética excluya a atletas que no han obtenido ninguna ventaja de los andrógenos. Sin embargo, su nueva política establece que «la necesidad de coherencia y equidad en todos los deportes» no permitirá «una consideración caso por caso». Aún cuando en el pasado las reglas al respecto han sido más flexibles en ambos casos: mujeres y hombres transgénero.

Como resultado, en esta área gris es probable que otra generación de mujeres intersexuales quede excluida de los Juegos Olímpicos.

Pocos deportistas de élite son transgénero

El presidente Donald Trump promulgó un decreto ejecutivo el 20 de enero de 2025 en el que afirmaba que el sexo biológico es simple y binario —que todas las personas son inequívocamente mujeres u hombres—, junto a otra orden que excluye a los «hombres» de las competiciones femeninas.

Al menos 29 estados de EE. UU. han excluido a las niñas y mujeres transgénero de las competiciones deportivas femeninas. Estas leyes se basan en la idea de que, en promedio, los hombres son superiores a las mujeres en muchos deportes, por lo que es necesario proteger a las mujeres de la competencia desleal.

Pero los deportistas transgénero de élite son poco frecuentes. En una audiencia celebrada en 2024 ante el Senado de los Estados Unidos, el presidente de la NCAA (National Collegiate Athletic Association) declaró que, de los 510,000 deportistas que había en las universidades estadounidenses en aquel momento, tenía constancia de menos de 10 deportistas transgénero, lo que supone menos del 0,002 %.

Solo una mujer transgénero conocida ha participado en una competición olímpica femenina desde que el comité permitió a las mujeres competir en los Juegos a partir de 1900: Laurel Hubbard, una levantadora de pesas que compitió por Nueva Zelanda en 2021, pero no ganó ninguna medalla.

La escasez de atletas transgénero en la competición de élite sugiere que su exclusión es una solución en busca de un problema.

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