Agosto ha dejado una intensa actividad sísmica en distintas partes del planeta. Su impacto sobre el deporte depende de factores como la magnitud, profundidad, distancia del epicentro, calidad de las construcciones y duración del movimiento. Un sismo fuerte y superficial puede dañar estadios, gimnasios, piscinas, pistas, centros de entrenamiento y sistemas eléctricos, mientras que otro de mayor magnitud pero profundo puede generar menos destrucción. El terremoto de Perú del 20 de agosto, de 6,7 y a unos 66 kilómetros de profundidad, provocó daños en viviendas y centros de salud, pero no paralizó todo el país.
Sin embargo, los episodios se han repetido en el mundo especialmente en agosto, desde simples movimientos telúricos hasta grandes terremotos. En Colombia, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el país el 10 de agosto; el 13 se registró un movimiento de 3,8 en California; el 14, Indonesia fue golpeada por un terremoto de magnitud 7,7 en el mar de Flores y, horas antes, Granada, España, registró un sismo de 5,2. Al día siguiente, otro movimiento de magnitud 6,9 afectó el norte de Sumatra, Indonesia; aunque pasan a un segundo nivel de prioridad, las afectaciones son transversales a todas las industrias incluido el deporte y entretenimiento.
La actividad continuó con terremotos en Afganistán, Chile, Italia y una intensa serie sísmica en Granada, donde se acumularon decenas de movimientos, incluidos varios superiores a 4, hasta el 21 de agosto; madrugada en la que paralelamente en Estambul, donde durante la noche del 19 al 20 de agosto se registró una cadena de más de 30 movimientos en el mar de Mármara, aunque de magnitudes mucho menores, entre 1,1 y 3,2.
De esta manera, las consecuencias telúricas también alcanzan la logística deportiva: carreteras bloqueadas, aeropuertos afectados, desplazamiento de equipos, suspensión de entrenamientos, evacuaciones y cambios de calendario. O solo por dar un ejemplo, en Colombia, el terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto llevó a CONMEBOL a aplazar los partidos Tolima–Independiente del Valle y Santa Fe–River Plate, mientras DIMAYOR suspendió la jornada del fútbol profesional colombiano.
Colombia: estadios bajo revisión y deporte movilizado
En Colombia, la emergencia modificó temporalmente la actividad de varias disciplinas. En Cali, las Unidades Deportivas de Alto Rendimiento permanecieron cerradas mientras las autoridades realizaban inspecciones, y el Coliseo El Pueblo presentó afectaciones en un escenario utilizado por deportistas de gimnasia, taekwondo y esgrima.
El caso más delicado aparece en Pereira. El estadio Hernán Ramírez Villegas, casa del Deportivo Pereira, sufrió daños estructurales y tuvo zonas restringidas, mientras avanzaban las evaluaciones técnicas. La situación abrió además la posibilidad de buscar escenarios alternativos para disputar los partidos mientras se determina cuándo será seguro regresar. El terremoto no solo alteró fechas y horarios: obligó al fútbol colombiano a replantear sedes, desplazamientos y condiciones de seguridad, evidenciando cómo un desastre natural puede modificar la estructura completa de una competencia en la Liga BetPlay, Torneo de Ascenso y Liga Femenina se han visto obligados a reorganizar el calendario por razones de seguridad.
No todos los estadios se convirtieron únicamente en víctimas de la emergencia. Algunos pasaron a ser espacios de solidaridad. El Campín, en Bogotá, fue habilitado como punto de recepción de alimentos, cobijas y elementos esenciales, mientras otros escenarios deportivos del país también funcionaron como centros de acopio.
La respuesta del fútbol trascendió los terrenos de juego. CONMEBOL y la Federación Colombiana de Fútbol anunciaron una donación conjunta de un millón de dólares para los damnificados, mientras clubes y aficionados organizaron partidos y campañas de recaudación. Atlético Nacional y Once Caldas, por ejemplo, disputaron en Medellín un encuentro cuya recaudación fue destinada a las víctimas.
Un fenómeno impredecible que puede volver a cambiarlo todo
Los terremotos no pueden predecirse con precisión en cuanto a fecha, hora y lugar. Lo que sí pueden hacer las instituciones deportivas es reducir sus consecuencias mediante infraestructura resistente, protocolos de evacuación, planes de emergencia y escenarios alternativos para garantizar la continuidad de las competencias cuando las condiciones lo permitan.
La experiencia de Colombia demuestra que un terremoto puede pasar rápidamente de ser una emergencia social a convertirse también en una crisis para toda la industria deportiva: estadios, clubes, atletas, trabajadores, patrocinadores, transmisiones y calendarios quedan expuestos. Y mientras nuevas réplicas mantienen la alerta en distintas zonas del mundo, una certeza permanece: la tierra puede volver a sacudirse y, con ella, también el deporte.





