Independiente Medellín: dos estrellas y un sueño continental

Tras romper una sequía de 45 años en 2002 y alcanzar las semifinales de la Libertadores en 2003, Independiente Medellín volvió a tocar la gloria en 2004 al conquistar su cuarta estrella frente a Atlético Nacional.
Independiente Medellín celebró su cuarta estrella en 2004 tras vencer a Atlético Nacional en la final del fútbol colombiano. Foto: Independiente Medellín.

Antes de 2002, el hincha del Independiente Medellín, el Poderoso de la Montaña, cargaba con una cruz pesada: 45 años sin conocer una estrella. Mientras el rival de patio conseguía títulos y copas, el Poderoso no lograba darle una alegría a su fiel hinchada. Y es que, desde 1957, el DIM no se consagraba campeón. Siempre quedaba a la orilla, viendo cómo otros equipos levantaban el título, como ocurrió en 1966, 1993 y 2001. Este último había sido un golpe durísimo, pues esta vez el campeonato se les escapó de las manos ante un difícil América de Cali.

El 2002 iniciaba con cambios en el rentado nacional, pues la Dimayor había decidido que se jugarían dos torneos por año, dejando atrás el campeonato largo. El 2001 había dejado una sed de revancha para el Poderoso, que empezó el año con algunas dudas en el banco. El técnico Juan José Peláez no logró continuar con el proyecto de aquel equipo que había llevado a la final de 2001. El Medellín sufría en la tabla, con estrepitosas caídas que lo alejaban de los primeros puestos.

Ante este panorama, su ciclo terminó y le dio paso a la llegada de Reinaldo Rueda, quien asumió para intentar enderezar el barco. Reinaldo dejó las bases, pero una oferta de la Selección Colombia sub-20 llegó a la puerta del técnico vallecaucano, quien decidió asumir ese nuevo reto. En su reemplazo llegó Víctor Luna, un viejo conocido de la casa. Luna heredó una plantel con talento, le inyectó carácter, potenció a los jóvenes y logró lo que parecía imposible: transformar las dudas y la presión de 45 años de sequía en confianza, conduciendo al Poderoso hacia la anhelada tercera estrella.

Aquel equipo combinaba la experiencia de algunos referentes con la juventud y las ganas de jugadores que hasta hacía poco cumplían el sueño de jugar en el fútbol profesional. Este equipo lograba despertar pasión cada vez que salía a la cancha, con un juego vistoso y nombres que quedarían grabados en la memoria del hincha. David González era seguridad en el arco; Amaranto Perea, un defensa recio y elegante que, después de su paso por el DIM, lograría dar el salto a Boca Juniors y al Atlético de Madrid. John Javier “Choronta” Restrepo fue una de las grandes estrellas y con Roberto Carlos Cortés aportaban en la mitad y por las bandas, mientras Mao Molina tenía una pegada excelsa, como si tuviera un guante en la zurda, ponía el balón donde quería. Tressor Moreno destacaba con su gambeta y velocidad, y, como no podía faltar en un equipo con aspiraciones, estaba el hombre gol, Jorge Horacio Serna, el “Camello”, contundente frente al arco.

Estos nombres quedaron grabados en el hincha del Poderoso de la Montaña, que partido tras partido veía cómo su equipo crecía de la mano de Luna. El Medellín dejaba atrás las dificultades del comienzo de temporada y se acercaba nuevamente a una final, esta vez con algunos cambios en la forma de disputar el campeonato. Llegaron los cuadrangulares y al equipo le tocó enfrentarse a Atlético Bucaramanga, Deportes Tolima y Deportivo Cali.

Medellín volvió a soñar con la gloria

El camino hacia la final fue duro. El Cali se convirtió en el rival más complicado de aquella fase, pero el Poderoso logró imponerse y terminó primero de su grupo con 11 puntos, frente a los 10 del conjunto azucarero. Al otro lado esperaba un fuerte Deportivo Pasto, que había dejado en el camino a dos grandes del fútbol colombiano: América de Cali y Atlético Nacional.

El primer capítulo de la final se escribió en el Atanasio Girardot. El estadio, vestido de rojo, volvía a ser el escenario de la tan ansiada oportunidad de conquistar la tercera estrella. Banderas, trapos y corazones llenaban las tribunas. El marcador se abrió muy temprano, al minuto 6, cuando una desafortunada jugada terminó en un autogol que puso al DIM al frente. Más tarde, Carlos Castillo amplió la ventaja y desató la alegría en tierras paisas. El Poderoso viajaría a Pasto con dos goles de diferencia y la ilusión intacta.

Cuatro días después llegó el partido definitivo. Esta vez, la final se jugaba como visitante, en el estadio Libertad. David González había cumplido su tarea en el arco y ahora el equipo tenía que defender la ventaja para acercarse al título. La labor bajo los tres palos estaba hecha; ahora les correspondía a los jugadores de campo escribir sus nombres en letras doradas.

Y así fue. Amaranto Perea y Roberto Carlos Cortés hicieron un magnífico trabajo defensivo. A los 28 minutos llegó la oportunidad soñada para Mauricio “Mao” Molina, el hombre de la pegada exquisita. Con su zurda, mandó el balón a besar la red. Nada pudo hacer el arquero del Pasto, que vio cómo la pelota se colaba en su portería. Un golazo que todavía hoy recuerdan los hinchas del Poderoso.

La celebración continuó en el estadio Libertad. Aunque el Deportivo Pasto logró igualar el partido, la serie ya estaba sentenciada. El Medellín rompía con 45 años de sequía y se sacudía el peso de una larga espera, conquistando su tercera estrella y consiguiendo el boleto a la Copa Libertadores de 2003.

El Poderoso conquistó Sudamérica

En 2003, Colombia volvía a dar de qué hablar en la Copa Libertadores. Los equipos colombianos eran sinónimo de buen juego y de dar la pelea hasta el final. Deportivo Cali, América de Cali y Atlético Nacional eran nombres fuertes que inquietaban tanto a los equipos como a las hinchadas de los clubes sudamericanos, e incluso a uno que otro conjunto mexicano que por aquella época participaba en la Copa Toyota Libertadores.

En medio de estos equipos que dejaban bien parado al fútbol colombiano año tras año, con buenas actuaciones, partidos épicos y hasta finales disputadas, llegó un no tan conocido Independiente Medellín. El DIM venía de romper una sequía de 45 años y ahora tenía la oportunidad de demostrar que lo conseguido en 2002 no había sido una casualidad.

El Poderoso quedó ubicado en un grupo durísimo junto a Boca Juniors de Argentina, Barcelona de Ecuador y Colo-Colo de Chile. El desafío era enorme, pero el equipo de Víctor Luna no se achicó ante sus rivales. El 26 de marzo de 2003, el Atanasio Girardot fue testigo de una noche inolvidable: el DIM derrotó 1-0 a Boca Juniors, que a la postre sería el campeón de aquella edición bajo la dirección de Carlos Bianchi. Un recordado gol de David Montoya desató la alegría en las tribunas y confirmó que el Medellín tenía argumentos para competir contra cualquiera.

El Poderoso terminó líder del grupo con 12 puntos, producto de cuatro victorias y dos derrotas, dejando a Boca Juniors en el segundo lugar. En octavos de final apareció Cerro Porteño de Paraguay. En el partido de ida, el DIM consiguió una victoria por 1-0 en Asunción, con gol de David Montoya. Sin embargo, la vuelta en el Atanasio se convirtió en una prueba de nervios: el conjunto paraguayo ganó por el mismo marcador y obligó a definir la clasificación desde el punto penal.

Allí apareció un joven David González, quien atajó dos cobros y se convirtió en héroe de una noche inolvidable. El Medellín ganó 4-2 en los penales y avanzó a los cuartos de final. La ilusión seguía creciendo y el equipo demostraba que estaba preparado para afrontar los retos más difíciles del continente.

En cuartos de final esperaba Grêmio de Porto Alegre. En Brasil, el Poderoso logró un valioso empate 2-2, con goles de Mao Molina y David Montoya. La vuelta en Medellín fue un partido no apto para cardíacos. El DIM ganó 2-1, con anotaciones de Jorge Horacio “El Camello” Serna y William Vásquez, quien marcó en los minutos finales para desatar la locura en el Atanasio Girardot. Con un global de 4-3, el equipo antioqueño se metió entre los cuatro mejores del continente.

Pero todavía quedaba un último obstáculo: el temible Santos de Brasil, un equipo joven y repleto de talento, con figuras internacionales como Robinho, Diego y Elano. En el partido de ida, disputado en Vila Belmiro, el conjunto brasileño se impuso 1-0 con un gol de Nenê. La serie quedaba abierta y el Atanasio se preparaba para otra noche histórica.

El 18 de junio de 2003 se jugó una batalla inolvidable en Medellín. Fue un partido vibrante, de golpe por golpe. Santos se puso en ventaja, pero el DIM reaccionó y consiguió ponerse arriba con goles de Tressor Moreno y Mao Molina. El Poderoso estuvo a un solo gol de forzar los penales, pero la efectividad del conjunto brasileño terminó inclinando la balanza. El partido finalizó 3-2 a favor de Santos, que selló su clasificación con un global de 4-2.

La eliminación en semifinales dejó tristeza, pero también orgullo. El Medellín de 2003 se ganó el respeto de toda Sudamérica gracias al talento de Mao Molina, la velocidad de Tressor Moreno, la solidez defensiva de Amaranto Perea, el liderazgo de Jhon “Choronta” Restrepo y las actuaciones decisivas de David González.

La tercera estrella había devuelto la ilusión a una hinchada que llevaba décadas esperando. Un año después, el Poderoso había demostrado que podía competir de tú a tú con los grandes del continente. Aunque no logró llegar a la final de la Libertadores, aquella campaña quedó grabada en la memoria de sus hinchas como una de las más grandes de su historia. El DIM había dejado de ser únicamente el equipo que rompió una sequía de 45 años y ahora era un club que hacía soñar a Medellín con conquistar Sudamérica.

La cuarta estrella se quedó en casa

Tras la gesta de la Libertadores 2003 y la salida de Víctor Luna, Independiente Medellín atravesó una etapa de transición. Para el primer semestre de 2004, la dirigencia confió en Pedro Sarmiento, quien le dio al equipo orden táctico, solidez defensiva y equilibrio en el mediocampo. De la mano de figuras como Neider Morantes, Jorge Horacio “El Camello” Serna y David González, el Poderoso ganó su cuadrangular semifinal con 10 puntos y selló su clasificación a una final histórica.

Por primera vez en la historia del fútbol profesional colombiano, el título se definiría en un clásico paisa. En la ida, disputada el 24 de junio, el DIM venció 2-0 a Atlético Nacional, con goles de Serna y Rafael Castillo. Tres días después, Nacional ganó 1-0, pero el marcador global de 2-1 consagró al Medellín campeón y le entregó su cuarta estrella.

El título de 2004 confirmó que la grandeza del Poderoso no era casualidad, sino el resultado de una etapa memorable en la que el equipo pasó de romper una sequía de 45 años a competir entre los grandes del continente y dominar el fútbol antioqueño. La cuarta estrella quedó en manos del DIM y consolidó una época inolvidable para su hinchada.

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